• LinkedIn
  • Subcribe to Our RSS Feed
Browsing "Blog"

“Misericordia quiero y no sacrificio”. Las obras de misericordia en el camino jubilar

Feb 16, 2016   //   by padre   //   Blog  //  No Comments

papa4

Texto completo en español del Mensaje del

Santo Padre Francisco para la Cuaresma 2016:

“Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13). 

Las obras de misericordia en el camino jubilar

1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada

En la Bula de convocación del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, María canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempeña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

3. Las obras de misericordia

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf. Lc 1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1,38).

Vaticano, 4 de octubre de 2015

Fiesta de San Francisco de Asís

El Papa en la clausura del año de la Vida Consagrada

Feb 5, 2016   //   by padre   //   Blog  //  No Comments

MisaPapaVC16Ciudad del Vaticano, 2 de febrero 2016 (Vis).-Publicamos hoy amplios extractos del discurso que el Santo Padre improvisó ayer en el Aula Pablo VI para los participantes en el Jubileo de la Vida Consagrada para los que esta tarde celebrará la misa de clausura del Año de la Vida Consagrada en la basílica de San Pedro.

”Había preparado un discurso para esta ocasión sobre los temas de la vida consagrada y sus tres pilares; hay otros, pero tres son los más importantes: Profecía, proximidad y esperanza.

”Religiosos y religiosas, es decir hombres y mujeres consagrados al servicio del Señor, que siguen en la Iglesia este camino de una pobreza fuerte, de un amor casto que les lleva a una paternidad y a una maternidad espiritual para toda la Iglesia. Y una obediencia … que no es militar, no, no; esa es disciplina, otra cosa – una obediencia de entrega del corazón. Y esta es la profecía. “Pero ¿ tu no tienes ganas de hacer esto o lo otro? ” – “Sí, pero de acuerdo a las reglas que tengo que hacer esto. Y de acuerdo con a las disposiciones esto otro. Y si no veo algo claro, hablo con el superior, con la superiora y, después del diálogo, obedezco.”

Esta es la profecía, contra la semilla de la anarquía, que siembra el diablo. La profecía es decir a la gente que hay un camino de felicidad, de grandeza, un camino que te llena de alegría, que es el camino de Jesús. Es la manera de estar cerca de Jesús. La profecía es un don, es un carisma que se debe pedir al Espíritu Santo: ”Que yo sepa decir esa palabra, en el momento adecuado; que haga esta cosa en el momento adecuado; que toda mi vida sea una profecía”.

”La otra palabra es cercanía. Hombres y mujeres consagrados, pero no para alejarse de la gente y tener todas las comodidades, sino para acercarse y entender la vida de los cristianos y de los no cristianos, los sufrimientos, los problemas, las muchas cosas que sólo se entienden si un hombre y una mujer consagrados se hacen prójimos. La vida consagrada no es un estado que me hace mirar a los otros con desapego…. La vida consagrada debe llevar a la cercanía con la gente: la cercanía física, espiritual, conocer a la gente… Pero el primer prójimo de un consagrado o una consagrada es su hermano o hermana de la comunidad. Y debe ser una proximidad buena, con amor. Que es también una forma de alejarse de los chismes, del terrorismo de los chismes. Porque el que chismorrea es un terrorista en su comunidad porque lanza, como una bomba, una palabra contra éste o aquella y se aleja. El apóstol Santiago decía que tal vez la virtud humana y espiritual más difícil era la de dominar la lengua…”Pero Padre, ¿si se trata de un defecto, de algo que corregir?”. Pues se lo dice a la persona: usted tiene esta actitud que me molesta, o no está bien. Y si no es conveniente – porque a veces no es oportuno? se lo dice a la persona que puede arreglarlo, que puede resolver el problema y a nadie más….”Pero ¿en el Capítulo ?”. ¡Ahí sí! En público, todo lo que se siente se tiene que decir; porque hay una tentación de no decir las cosas en el capítulo, y luego fuera: “¿Has visto la priora?, ¿Has visto el superior?”. Pero ¿porque no lo has dicho en el Capítulo? … ¿Está claro? Son virtudes de cercanía”.

”Y la esperanza. Y os confieso que me cuesta mucho ver la disminución de las vocaciones. Cuando recibo a los obispos y les pregunto: “¿Cuántos seminaristas tienen?” – “4, 5 “. Cuando, en vuestras comunidades religiosas ? masculinas o femeninas? tenéis un novicio, una novicia, dos … y la comunidad envejece… Cuando hay monasterios, grandes monasterios… en los que hay solo o cuatro o cinco monjitas ancianas… Y todo esto hace que me venga una tentación que va contra la esperanza: “Pero, Señor, ¿qué sucede? ¿Por qué las entrañas de la vida consagrada se han vuelto tan estériles? “. Algunas congregaciones hacen el experimento de la “inseminación artificial”. ¿Qué hacen? Acogen… “Pero sí, ven, ven”… Y luego hay una serie de problemas allí dentro… ¡Se debe acoger con seriedad! Se debe discernir si se trata de una verdadera vocación y ayudarla a crecer. Y creo que contra la tentación de perder la esperanza, que nos da esta esterilidad, debemos rezar más…Y rezar sin cansarnos…”Nuestra congregación necesita hijos, nuestra congregación necesita hijas…”. El Señor que es tan generoso no faltará a su promesa. Pero tenemos que pedírselo. Tenemos que llamar a la puerta de su corazón. Porque hay un peligro – y esto es muy feo , pero tengo que decirlo – cuando una congregación religiosa ve que no tiene hijos y nietos, y está empezando a ser cada vez más pequeña, se apega al dinero. Y sabéis que el dinero es el estiércol del diablo. Cuando no pueden tener la gracia de tener vocaciones e hijos, piensan que el dinero salvará la vida ; y piensan en la vejez: Que no falte ésto, que no falte aquello … Y así no hay esperanza. La esperanza está solamente en el Señor. El dinero no te la dará nunca”.

”Y muchas gracias por lo que hacéis. Las personas consagradas – cada una con su propio carisma. Y quiero subrayar lo que hacen las religiosas. ¿Cómo sería la Iglesia si no hubiera monjas? Ya lo dije una vez: Cuando se va al hospital, a los colegios, a las parroquias, a los barrios, a las misiones,… Hombres y mujeres que dieron su vida …Cuando vas al cementerio y ves que hay tantos misioneros religiosos y tantas monjas muertos a los 40 años porque contrajeron enfermedades, fiebres de esos países.., quemaron su vida … Uno dice: ¡Estos son santos, estas son semillas! Debemos decirle al Señor que baje un poco a estos cementerios para ver lo que hicieron nuestros antepasados y nos dé más vocaciones porque las necesitamos”.

Adviento: Belén a nuestras vidas

Nov 28, 2015   //   by Octavio   //   Blog  //  No Comments

 

Hoy, a vísperas del primer domingo de Adviento, y sí, 2015 años después de que Dios mismo naciera en un pequeño pueblo llamado Belén, el mensaje de la Navidad sigue siendo el mismo. La historia de Jesús no es un cuento de hadas, nació en un lugar concreto, caminó por calles, respiró, fue uno de nosotros, se hizo hombre, tuvo un rostro, una familia.

Miren: la joven está embarazada y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel.Is 7, 14

Los testimonios y respuestas de los actuales habitantes de Belén nos ayudan a tomar conciencia. Jesús nació siendo signo de contradicción, fue hijo de una joven Virgen cuyo embarazo fue motivo de escándalo e incluso pudo haberle costado la vida. María, José y El Niño fueron seres humanos que pasaron por dificultades reales que no se solucionaron mágicamente sino que fueron asumidas con valentía al optar por cumplir el designio de Dios sabiendo las consecuencias que esto traería.

Este corto video nos muestra el Belén del siglo XXI y nos hace preguntarnos: ¿Por qué escogió Dios un pequeño pueblo como Belén para enviar a su Hijo? Él quiso experimentar la vida de los sencillos, de los pobres, de los desamparados y desatendidos de la sociedad. Quiso carecer de un lugar donde nacer, hacerse perseguido y refugiado para enseñarnos que sólo los de corazón sencillo pueden descubrir su gloria.

Jesús sigue siendo actual y sigue estando junto a nosotros, especialmente de aquellos que sufren, para mostrarnos que solo hay una forma plena de vivir: el amor. El modelo es Él mismo que supo amarnos desde el primer instante de su vida en la tierra. Su mensaje sigue resonando como un clamor que debe ser escuchado hoy más que nunca: el mundo necesita paz. El Príncipe de la Paz nace en un lugar de conflicto lleno de contradicciones, para enseñarnos que a pesar de todo la única manera de alcanzar la verdadera paz es aceptando su presencia en nuestras vidas.

Como hace 2015 años, Jesús sigue tocando las puertas del Belén de nuestras vidas y quiere que lo acojamos. Preparemos un lugar para Él. Dejémosle entrar y quedémonos junto a Él, pues sólo así podremos encontrar la paz que necesita nuestro corazón y nuestro mundo.

Para la oración personal:

¿Cómo estoy preparándome para la Navidad?
¿Cómo puedo recuperar el sentido cristiano de la Navidad?
Contemplar a Jesús en el pesebre junto a María y José: Lucas 2, 1-20
Pedir al Señor Jesús la gracia de vivir una Navidad Cristiana

Páginas:«123
EnglishFrenchItalianSpanish